Gestión e Inteligencia emocional

 Gestión e Inteligencia Emocional

A lo largo de la etapa infantil y durante nuestra niñez, poseemos y manifestamos de forma innata e inherente la plena libertad de expresión emocional… pero a medida que pasa el tiempo, la sociedad e incluso los padres motivados por la misma razón, van imponiendo límites y coartando la libertad de los menores, al punto en ocasiones de quedar encasillados, bloqueados y/o restringidos, dejando a un lado las emociones y enfocando el aprendizaje solo desde el punto de vista académico, con el objetivo de convertir a los/las menores en buenos/as profesionales el día de mañana… olvidándose por completo de hacerlos/as una persona inteligente y sana también a nivel emocional.

Sin embargo, con el paso del tiempo la psicología ha encontrado que las emociones influyen en gran medida en quien es, quien será y cómo reaccionará dicha persona. No importa que tan fría y analítica sea, la mayoría de las decisiones que se toman dependen drásticamente de las emociones. Teniendo esto en cuenta, se acuñaron los términos gestión emocional e inteligencia emocional.

 

 

Pero… ¿Qué son las emociones?

Antes de explicar de forma detallada los conceptos de gestión emocional e inteligencia emocional, primeramente se debe entender con claridad que son las emociones.  La verdad es que existe una infinidad de conceptos de diferentes especialistas, pues no existe uno absoluto que satisfaga a la sociedad científica. Uno de ellos indica que las emociones son reacciones a estímulos o eventos que experimenta la persona, que la ayudan a expresarse y determinan en gran medida las decisiones que toma. Tienen su origen en el sistema límbico del cerebro, pasando su proceso por una acción:

Fisiológica: dícese de los cambios o alteraciones físicas que se producen en el cuerpo, como por ejemplo: dilatación de la pupila, aumento de la presión arterial, sudoración, concentración del riego sanguíneo en ciertas zonas dependiendo de la emoción, etc.

Cognitiva: Estando presente en el contexto y evento que ha desencadenado la reacción, se procesa todo tipo de información tanto a nivel consiente como inconsciente, siendo más influyente esta última para la decisión final que se tome.

Conductual: Es la fase final del proceso y precisamente es la ejecución de la decisión tomada, como por ejemplo: la huida cuando hay peligro, la lucha cuando hay la necesidad de defenderse o besos y abrazos si se está alegre y feliz…

 

 

Tipos de emociones

Ahora que ya se entiende que es una emoción y por consiguiente, los procesos y acciones que desencadenan, se puede hablar sobre los diferentes tipos que existen y de qué manera afectan y repercuten a la persona. De igual manera, no existe una clasificación absoluta que satisfaga a la comunidad, pero generalmente se estima que las seis emociones básicas son:

  • ALEGRÍA: es un estado interior en el que la persona puede llegar a sentir euforia, diversión, gratificación, felicidad… Se puede estar contento por poseer una sensación de bienestar o una sensación de seguridad. La emisión de la alegría se manifiesta en mayor medida por los gestos faciales que se producen con los labios y ojos, es decir, con una sonrisa o incluso una carcajada, el brillo de los ojos o las pupilas dilatadas, etc. Otra de las expresiones de la alegría es el exceso de energía, lo que puede implicar que la persona pueda terminar corriendo y/o saltando.
  • MIEDO: es un estado desencadenado por las posibles amenazas o el peligro inminente que percibe el individuo, por lo que la persona termina sintiendo inseguridad y ansiedad debido a la incertidumbre que experimenta. El miedo se expresa por medio de la palidez del rostro, las extremidades frías… debido a que el cuerpo prioriza la huida, con lo cual la sangre se centra mayoritariamente en las piernas y pies.
  • TRISTEZA: esta emoción es activada cuando se tienen expectativas muy altas y no se cumplen, también cuando se suscitan momentos impactantes a nivel negativo (pérdida de un ser querido, pérdida de un bien material…) e incluso cuando el nivel de adaptabilidad de una persona es muy bajo en comparación con la velocidad en la que se suscitan cambios en el entorno. En este caso se experimenta aflicción, pesimismo, soledad y pena. Característicamente la tristeza se expresa por el llanto, pero también hay rostros abatidos y en algunos casos pérdida de apetito y enfermedad, ya que si se prolonga demasiado, el sistema inmune empezará a resentirse…
  • ASCO: es simplemente el desagrado o disgusto hacia ciertas sustancias u objetos, como por ejemplo: encontrarse ciertos insectos o animales (cucarachas, ratones…), respirar mal olor (basura o alimentos podridos), etc. Esta emoción se expresa con violentas reacciones, tales como: nauseas, arcadas, vómitos, sudoración excesiva, aumento de la presión arterial, entre otros.
  • IRA: se desencadena cuando una fuerza, elemento o persona externa se vuelven una amenaza para el individuo. En ella se experimenta enojo, rabia, resentimiento, irritabilidad, furia, etc. Se expresa y se manifiesta físicamente por medio de los músculos faciales: frunciendo el ceño, mostrando los dientes y también con tonos de voz amenazantes (generalmente gritos, insultos…). Además, las pupilas se cierran, aumenta la adrenalina y noradrenalina así como el ritmo cardiaco para llevar más sangre a las manos… que terminan cerrándose en puños como mecanismo de defensa y ataque.
  • SORPRESA: esta es una de las emociones más polémicas, pues hay quienes no la consideran una emoción. La sorpresa como tal es un estado de alteración en donde nos sentimos asombrados, sobresaltados y hasta desconcertados. Su presencia en el organismo es muy corta y puede ser agradable, neutral o desagradable. Se expresan por medio de los músculos faciales, levantando las cejas, abriendo los párpados, se abre la boca…y en ocasiones, puede ir acompañada de un grito, debido a la imposibilidad de contener dicha emoción.

 

¿Qué es la gestión emocional?

Hay quienes hablan de controlar las emociones, de dejar de sentir unas para sentir más otras, pero la realidad es que esto, aunque pudiese llegar a ser posible, es una forma insana de vivir. Las emociones como tal deben fluir, no sin control o con un control excesivo, sino en el momento justo y a un nivel equilibrado, todas las emociones son necesarias para la vida, aunque prefiramos sentir unas frente a otras. Cuando una persona llega a este nivel, se dice que sabe gestionar sus emociones o que posee “inteligencia emocional”. Sin embargo aunque parezca sencillo, la verdad es que resulta todo un arte, pues la mayoría de los padres no lo enseñan en casa y tampoco lo hacen en la mayoría de las escuelas y como todo, requiere de mucha práctica para adquirir la habilidad o competencia deseada.

Cada emoción, por tanto, tiene su función e importancia, pues las emociones surgieron para mantener al ser humano y a la propia especie con vida. Por ejemplo: el miedo y la ira protegen contra peligros y amenazas del entorno, la alegría hace que las personas sean más sociables y a su vez produce un aumento en la sociabilidad, reproducción, etc. Pese a que ya se podían gestionar las emociones a un nivel burdo, lo cierto es que al concepto de gestión emocional se le ha dado la prioridad y visibilidad que merece hasta hace bien poco, debido a los avances en el estudio del cerebro, la psique y la relación que ambos poseen entre sí.

 

 

Y entonces… ¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es un concepto que terminó popularizándose en gran medida por Daniel Goleman (psicólogo, periodista y escritor estadounidense). Muchos piensan que fue su creador, pero lo cierto es que Wayne Payne lo acuñó mucho antes que él y se le atribuye su uso inicial, pese a que también se sabe que incluso antes de él lo implementó Hans Karl Leuner (psiquiatra alemán). No obstante y sin importar quién fuera o no el primero, la realidad es que el concepto de inteligencia emocional ha calado mucho en la sociedad, resultando incluso en ocasiones protagonista de polémicas.

El concepto que implementa Goleman indica que inteligencia emocional es la capacidad que se tiene de reconocer las emociones, las de los demás y actuar de manera adecuada en base a ello. Esta es su idea base para su famoso libro “Inteligencia emocional”. Como puede observarse, el concepto de inteligencia emocional está estrechamente relacionado con el concepto de gestión emocional pero no son lo mismo, es más, hay expertos que tachan esto de incorrecto.

Independientemente de la persona que posea razón en cuanto a si el concepto es válido o no, lo cierto es que no existe aún un concepto absoluto que englobe y describa todo, así como la manera correcta de gestionar las emociones. Existen multitud de métodos y día a día aparecen más. Lo importante es adaptarse al que mejor convenga para llevar una vida plena y equilibrada.

 

Hablamos de gestión e inteligencia emocional pero… ¿Cómo evitar que aparezcan trastornos emocionales?

 

Cuando las emociones se manifiestan y se perciben fuera de nuestro control y la persona no es capaz de gestionarlas, se comienzan a experimentar y desencadenar diferentes problemas que terminan por convertirse en los tan temiblemente llamados trastornos, en el caso que nos ocupa, trastornos emocionales. Muchos de ellos comienzan en la niñez, aunque eso no quita que puedan aparecer y dar comienzo en otras etapas de la vida. Diversos expertos indican que algunos provienen de problemas o alteraciones orgánicas a nivel cerebral.

Estos últimos casos solo pueden ser tratados por profesionales en la materia, sin embargo, muchos de ellos son simplemente consecuencia de malas prácticas en cuanto a la gestión emocional y consecuencia de eventos o acontecimientos vitales que han marcado interiormente a las personas. Para minimizar el riesgo de padecer alguna alteración o trastorno emocional, lo recomendable es:

  • Vivir en un ambiente con conflictos mínimos o de baja envergadura.
  • Rodearse de amigos buenos y saludables, es decir, personas que nutran, edifiquen y apoyen.
  • Retarse continuamente a sobrepasar límites, para no acostumbrarse a estar dentro de la zona de confort.
  • Expresar las emociones, no reprimirlas ni desear controlarlas al 100% y permitirnos aprender de ellas y “que nos transformen”.
  • Si se es padre, se debe tener una comunicación continua con los hijos y brindarles un ambiente estable, tanto física como emocionalmente.
  • Se recomienda asistir a cursos, eventos o seminarios sobre inteligencia emocional, sobre todo si nos es complicado adquirir dicha habilidad.
  • Acudir a personal cualificado si se llega a notar que la situación empeora y termina saliéndose de control.

Si te ha gustado, te invito a compartirlo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otros artículos que pueden interesarte

× ¿Hablamos?