Trastornos médicos y psicológicos infantiles más comunes

Tener un hijo es tener un pedacito de cielo contigo, pues, pese a que algunos momentos vitales puedan resultar complicados, llenará tus días de alegría. Indudablemente querrás lo mejor para él, que se desarrolle con normalidad para ser una persona funcional en la sociedad. Es por esta razón, por la que debemos prestar atención si llegase a sufrir de algún trastorno. A continuación veras los trastornos médicos y psicológicos infantiles más comunes.

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH):

Es uno de los trastornos más conocidos y se caracteriza justamente por dotar al niño de un nivel de actividad extremadamente alto, logrando así que tenga muy poca capacidad de atención, por lo que constantemente estará pasando de una tarea a otra, así como una impaciencia constante y dificultades para compartir. Se suele diagnosticar en niños de entre 8 y 10 años de edad, pero se sospecha que aparece antes de los 7. También se debe considerar que es más común en niños que en niñas.

 

Bipolaridad:

La bipolaridad es un tipo de trastorno caracterizado por expresar bruscamente múltiples estados de ánimos en muy poco tiempo, y en muchas ocasiones, sin explicación aparente. Este tipo de trastorno es fácil de manejar en adolescentes y adultos, pero en niños resulta ser todo un reto. Generalmente estos niños proyectan una baja autoestima, hiperactividad, pensamientos de muerte, temperamento explosivo, etc.

 

Trastorno Generalizado del Desarrollo:

En este tipo de trastorno, el niño tiene problemas para relacionarse con los demás, pues no interpreta correctamente el lenguaje corporal, además de tener reacciones poco usuales a estímulos auditivos, visuales, al igual que olfativos. Algunos de los trastornos que abarca, son: el Síndrome de Asperger, Síndrome de Rett, Trastorno Desintegrativo Infantil…

 

Depresión:

En este caso encontramos a niños que poseen una tristeza constante y que a su vez les resulta opresiva, siendo muy difícil de eliminar… Los expertos manejan la hipótesis de que ésta hace su aparición gracias a la combinación en forma conjunta de elementos contextuales, biológicos y genéticos. Los niños con depresión tienden a ser agresivos, tener dolores inexplicables, sus movimientos corporales son más lentos, padecen pérdida de apetito y del sueño, un desempeño escolar bajo, etc.

 

Trastorno del Aprendizaje:

Típicamente este trastorno es un indicador del fracaso que el niño tiene en el ámbito escolar. La realidad es que existen multitud de razones para un bajo rendimiento, por ello lo mejor es que sea diagnosticado por un profesional. Las características principales de este trastorno son: bajo rendimiento escolar, poca capacidad de lectura, escritura y para las matemáticas, así como gran dificultad para distinguir entre derecha e izquierda, etc.

 

Trastornos del Lenguaje

Se refiere comúnmente a los problemas que el niño enfrenta para comunicarse, bien sea por no entender lo que se le dice o porque tiene dificultades para expresarse. Sus características dependen del tipo de trastorno, por ejemplo: en el trastorno expresivo se hace presente la falta de fluidez en el niño, así como se hace difícil el uso de frases sencillas. En el retraso simple, se comente continuos errores en la elección de los fonemas. En la afasia, los canales de comunicación quedan fuertemente afectados (escritura, comprensión, lectura y expresión) debido a una lesión cerebral. Y la Difasia, es un trastorno donde existe continua distorsión fonética, una expresión poco fluida y falta de gramática.

Trastornos del Habla:

Los niños que tienen trastorno del habla se caracterizan por tener fuertes dificultades para expresarse de manera oral. Existen varios tipos de trastornos: la dislalia por ejemplo, es una alteración en cuanto a los fonemas que deben ser empleados, ya sea por omisión o por sustitución. El farfulleo, es cuando una persona habla tan rápido que termina por pronunciar mal las palabras. La tartamudez, es la repetición rápida y brusca de palabras. Y disfonía, resulta ser una alteración en cuanto a la emisión al tono de voz.

 

Trastorno de Control de Esfínteres:

Este tipo de trastorno se hace evidente cuando el niño tiene más de 3 o 4 años de edad, en donde pueda ejercer control sobre sus esfínteres. Existen dos tipos: enuresis, que implica una emisión involuntaria de orina (ya sea durante el día o bien durante la noche) y la encopresis, que resulta ser la deposición de heces de manera involuntaria y en lugares inadecuados.

 

Trastornos de Ansiedad:

Este tipo de trastorno es uno de los que más afecta a la población infantil mundial. Existen múltiples tipos, como: la Ansiedad Generalizada (que se caracteriza por poseer una preocupación constante y nada realista), el Trastorno de Estres Post-Traumático (que lo poseen aquellos niños que han sido maltratados, experimentado guerras, abusados sexualmente  que hayan vivido un hecho que les haya impactado tanto psicológica como emocionalmente), Trastorno de pánico (en donde el infante experimenta ataques de pánico que no se pueden controlar, como la hiperventilación) y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (donde el menor realiza acciones de manera repetitiva y sin control).

 

Trastorno de la Conducta:

Este tipo de trastorno se da de manera frecuente en niños que han experimentado eventos traumantes como el rechazo de la madre, la institucionalización, el abandono, enfermedades mentales de los padres, la pobreza, etc. Los niños con esta afección se caracterizan por tener poca o ninguna consideración por las normas sociales o por las personas que le rodean, siendo así propensos a mentir, consumir drogas y alcohol de amanera temprana y ser sexualmente activos de manera precoz.

 

¿Qué hacer?

Los diversos trastornos citados anteriormente pueden ser en ocasiones, detectados con facilidad por las personas, pero aun así hay que considerar que algunos tienen raíces que son muy diferentes a las aquí planteadas. Por ello, si se sospecha que un menor pueda padecer alguno de estos trastornos, lo mejor es buscar ayuda profesional para así obtener una adecuada valoración y diagnóstico, ya sea con un médico, un psicólogo o mediante ambos profesionales de forma

 

 

 

 

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